Del teletrabajo llevamos tiempo hablando como herramienta eficaz para conciliar el trabajo con la vida familiar sin que hasta el momento ninguna Administración se haya tomado en serio esta opción. Ha tenido que venir una pandemia mundial para que podamos empezar a valorar todos los aspectos positivos que tiene pero desgraciadamente va a pasar tiempo para que sea un realidad. CCOO apuesta por el teletrabajo y, por eso, pedimos a la Administración una mesa de negociación para regular el mismo. El teletrabajo es un futuro cada vez más cercano y hay que apostar por él.
A continuación reproducimos las reflexiones que nos han hecho llegar unas compañeras de los Juzgados de 1ª Instancia nº 1 y 5 de Gandia sobre las experiencias que han tenido con el teletrabajo, esperemos que la Administración tome buena nota y podamos seguir avanzando en este sentido:
"Esta mañana
será probablemente la última que pueda desempeñar mi labor de Gestora procesal
del Juzgado de Primera Instancia nº 1 de Gandía desde mi casa. Siento que es
importante dejar constancia de esta breve experiencia con el teletrabajo que
disfrutamos las compañeras de mi Juzgado y las del Juzgado de Instancia nº 5
que tengo enfrente, que son los únicos casos que conozco, al no informarse de
la cantidad de trabajadores que estábamos conectados a la VPN. Aunque nadie de
la administración -ni incluso mis propios jefes directos- me lo hayan
preguntado, no me resigno a que las experiencias de los que hemos estado
utilizando voluntaria y responsablemente esta opción se queden en meros
comentarios de una terraza del bar.
Pero hagamos
historia. Cuando se proclamó el estado de alarma vi que mis hermanos,
funcionarios de administraciones locales y autonómicas, se pusieron desde el
primer día a teletrabajar funcionando a pleno rendimiento. Mientras tanto,
Justicia paralizó las actuaciones y plazos procesales, continuándose solo la
actividad de las actuaciones urgentes. En este primer mes en mi Juzgado sólo
acudía una persona diariamente para atender estas urgencias, mientras el resto
de la plantilla estaba sin poder hacer nada, viendo cómo seguía aumentando el
ya por si colapso que teníamos y escuchando cómo las autoridades sanitarias
prescribían el teletrabajo en todas las empresas y administraciones.
Tuvimos que
esperar un mes para que la Conselleria habilitara una VPN para la conexión
remota de los funcionarios. Los Jueces y Magistrados ya disponían de ella meses
antes y a tal fin se les habían facilitado ordenadores portátiles. Pero
evidentemente, el Juez solo no es el Juzgado y, si no funciona el engranaje de
todos los funcionarios y letrados de la A. de justicia, la rueda de la justicia
no gira.
No se
publicitó demasiado esta opción entre los Letrados de la A. de Justicia y
muchos de éstos tampoco animaron a sus trabajadores a acogerse a él. Alguna compañera de la Audiencia me comentó
incluso que intentó solicitarlo y su jefe se lo denegó. Otros compañeros
recelaban de su funcionamiento y de los requisitos técnicos que se precisaba y
no quisieron pedirlo. Es por eso normal que pocos funcionarios empezáramos a
teletrabajar. En nuestro caso, una minoría se animó con ilusión a explorar esta
nueva opción y el resto de compañeras poco a poco se fueron sumando. Como
resultado, nuestro juzgado y el de enfrente al completo empezamos a
teletrabajar.
Los miedos a
cómo iba a funcionar se disiparon pronto. Nos facilitaron el certificado
digital y la instalación del acceso al escritorio remoto fue sencilla. El
equipo de CETESI nos dio apoyo en todo momento y en breve vimos el escritorio
de nuestra oficina al completo en nuestras casas y con nuestros equipos, cada
una con la disponibilidad que tenía y que pusimos a disposición de la
administración generosamente, al igual que la conexión de Internet y eléctrica.
Podíamos hacer todo tipo de trámites (Cicerone, punto neutro, acceso
cuentas,…), a través de carpetas compartidas en X o del grupo de WhatsApp que
creamos consultábamos dudas al Juez y al LAJ, e intercambiamos información
entre nosotras. ¡No me lo podía creer! ¡Estábamos trabajando por primera vez en
equipo! ¡Y usando las herramientas del siglo XXI que usaba el resto del mundo!.
Nos
desapegamos del papel y vimos los procedimientos judiciales exclusivamente
desde la pantalla. Otro punto de vista totalmente diferente. El primer día no
sabía por dónde empezar, pero por suerte comprobé que ya tenemos mucha
documentación (demandas y escritos recibidos por Lexnet y nuestras propias
resoluciones), disponibles de manera telemática. Así que empecé con los
escritos pendientes de proveer. Sin el soporte del papel, tienes que ser más
hábil manejándote con los PDFs y con las aplicaciones de la red, pero una
libreta a mano y mucho orden te permiten trabajar de manera más precisa y
rigurosa que en el Juzgado, al no tener las interrupciones constantes causadas
por las llamadas de teléfono, preguntas de compañeros u otras distracciones.
Aprendes a atender las consultas de los profesionales a través del correo
electrónico particular de gva, a ir escaneando y preparando los días que vas al
Juzgado la documentación que está en papel (exhortos, diligencias de los
servicios Comunes, escritos de particulares,…)… Conseguimos en este mes que
llevamos teletrabajando poner nuestro trabajo al día, a la espera de que se
reaperturen los plazos y las vistas el próximo día 4 de junio. Para mí y para
mis compañeras la combinación del trabajo presencial con el domiciliario es la
fórmula perfecta para conseguir dos objetivos que creo son los prioritarios en
estos difíciles momentos:
-Minimizar los riesgos de
contagio de la Covid-19
-Seguir remontando el parón
judicial que sufrimos y estar en condiciones de asumir con éxito la reapertura
de los plazos procesales.
Es verdad que
tener que funcionar en esta doble vía (digital en casa y en papel en el
Juzgado), lastra y complica nuestro trabajo, pero mientras no se disponga del
expediente digital, es un espacio que hemos de transitar. Pero cada vez, especialmente en los
expedientes más recientes que están totalmente digitalizados, me resulta más
fiable la vía digital. Ahora, identifico más las resoluciones que grabo en
Cicerone y, por supuesto, escaneo e incorporo todo lo que recibo en formato
papel. Creo que la tramitación del
expediente poco a poco se va haciendo más clara y además está siempre accesible
a todo el personal de mi Juzgado que precise acceder a ella, ya sea para
atender al público mis compañeras o para resolver escritos o cuestiones el
Magistrado o el LAJ.
Por todo esto
me ha parecido tan frustrante que el Ministerio de Justicia haya decido
prescindir de esta modalidad de trabajo (contraviniendo las resoluciones del
Ministerio de Sanidad) y que la haya relegado a las personas que están exentas
de los turnos presenciales. Me alegro que al menos ellas puedan seguir
avanzando en su trabajo y al mismo tiempo cuidando de sus hijos, sus mayores o
estén más protegidas si son vulnerables. Egoístamente, me alegro también de que
sigan llevando sus expedientes y no repercuta sobre los demás su trabajo, aunque
tengamos que darles soporte desde el Juzgado. Pero me apena que en Juzgados que
al completo, valiente, generosa y voluntariamente, hemos empezado a
teletrabajar ahora se nos frene de esta manera tan abrupta. Es totalmente
desmotivante y desde luego nos hará replantear sumarnos en el futuro a nuevas
iniciativas modernizadoras que nos vuelvan a proponer, vista la arbitrariedad
de su duración. Eso confirma que la opción más cómoda de los que no se
apuntaron al teletrabajo era la más inteligente.
Pero aunque
hayamos sido pocos, creo que puede ser considerada cuanto menos la nuestra una
experiencia piloto muy útil para seguir explorando la vía digital, hacia la que
la Administración de Justicia parece por fin querer avanzar. En vez de
habilitar turnos de mañana y tarde, creo que es mucho más económico y efectivo
mantener el turno de mañana -con horario completo- y el teletrabajo. Aunque
esta modalidad es verdad que no está regulada por la premura a que nos ha
obligado el Covid19, sí se pueden estudiar fórmulas para que se pueda controlar
el horario y sobre todo la productividad en casa. A mí, particularmente, una
hora en casa me cunde el doble que en la oficina. Aparte de estar con menos distracciones,
puedo trabajar sin EPI y con la tranquilidad de que en casa mi riesgo de
contagio -mío o hacia los demás- es 0. También está el hecho de que,
desgraciadamente, son muy probables los rebrotes de la enfermedad y en
cualquier momento podemos entrar en cuarentena o incluso infectarnos. Por ello,
la opción digital desde el hogar se ha de tener muy presente.
Acabo
felicitando a la Conselleria por la iniciativa del teletrabajo y su buen
funcionamiento y solicito consideren la posibilidad de continuar
simultaneándolo durante más tiempo con el trabajo presencial, en un porcentaje
al menos del 50%, de manera que evitemos contagios innecesarios y gratuitos y
podamos gestionar con éxito la reapertura de los plazos procesales y de la
actividad judicial habitual."

